Marca personal, marca… Pequeñas lecciones magistrales

En plena temporada de #turismorurallowcost (vaya, de vacaciones en casa de la abuela que, además, en este caso es mi madre), me acabo de llevar unas lecciones de marca/ marca personal de lo más enriquecedoras.

Lección 1 

Paseando por un camino que conduce a una pequeña aldea, coincido en el camino con un lugareño, viejo conocido de la familia. Después de los saludos de rigor, le comento que nos dirigimos a unos metros más adelante donde hay un «árbol muy grande» para hacer unas fotos. Extrañado me dice: «¿árbol? Por aquí no hay ningún árbol grande». Intento explicarle, ayudándome de los gestos (una es muy expresiva), que es un árbol enorme que casi se divisa desde allí. Entonces, se detiene un momento y afirma: «¡ah! un castaño, no un árbol, un castaño».

Este, en concreto.

Lección 2

Seguimos con el mismo lugareño. Y con mi contrastada ignorancia rural (a pesar de la práctica reiterada, año tras año). Seguimos con nuestra conversación y, muy cortesmente, le digo: «¿Qué, a pasear las cabras para que coman un poco? ¡Qué bonita esa blanca y negra!». Otra vez el lugareño me mira con extrañeza y, con paciencia infinita, añade: «Eso no es una cabra, es el macho». Debo reconocer que, ni por lo más remoto, se me había ocurrido mirar los atributos del animal, más bien me había quedado embelesada con su atrevido peinado (cresta en todo el lomo hacia arriba) y su vistoso colorido (en personal versión de blanco y negro).

Aquí  está el ejemplar (acompañado de la «señora» y las criaturas.

Para mis adentros

El camino de regreso lo amenicé intentado digerir esas pinceladas de conversación que aquí he recogido. ¿De qué sirven carreras, másters, posgrados y cursos para aprender sobre marcas y marcas personales? Ciertamente, a este lugareño no le han hecho ninguna falta para tener bien claro estos conceptos, probablemente sin darse cuenta de ello, ¡pero a él que le importa!

¿Cómo se puede confundir un árbol con un castaño? Supongo que el primer ofendido ha sido el castaño, aunque debo suponer que sus varios cientos de años de existencia le habrán dotado de más sabiduría de la que puedo imaginar. Pero para el lugareño también ha sido un error grave. El castaño no es un árbol cualquiera, es un árbol realmente emblemático de la zona, que tiene señas de identidad propias (además de castañas). Una señas que se transmiten a la tierra y a sus gentes. Vamos, que es una marca conocida, reconocida, consolidada y con proyección.

En cuánto al macho cabrío, se pone en evidencia, una vez más, que algunos nos detenemos en lo externo, lo superfluo, y nos olvidamos de la esencia. Algo que para el pastor no pasa desapercibido. Cabra puede ser un genérico para un urbanita pero no para él. O es cabra, o es macho cabrío (también puede utilizarse esa palabra que estás pensando, que la RAE la reconoce). Luzca el pelo de punta o vaya cortado al uno.

Todavía sigo dándole vueltas al encuentro. Y a la rotundidad y la convicción del lugareño. Sin el más mínimo atisbo de duda. Creo que ahora ya me ha quedado más clara la importancia de la marca y de la marca personal. ¿Y a ti?

Acerca de Isabel L. Paz

¡Crac! ¡Clinc! ¡Cotoclonc! Así estoy yo. Recomponiéndome. Antes de que se acabe todo esto y me pille fuera. ¡Arriba el papel... la radio, la tele...! Pero yo me voy a convertir en periodista/ comunicadora 2.0 y pico. Estoy en ello. Todo el día enredando en las redes y conversando por cuenta ajena.
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